Memoria y reconciliación

A primera vista, historia y memoria parecen dos términos que indican lo mismo. Sin embargo, no es asà del todo. La memoria hace que la historia sea posible al igual que la memoria garantiza la veracidad de la historia y la dota de sentido.
La memoria es más amplia que la historia puesto que no depende solamente de la inteligencia, sino del corazón y de los sentimientos. Por eso, a veces, historia y memoria pueden entrar en conflicto.
La historia se enraÃza en la memoria y frecuentemente se confunde con ella. Algunas veces la memoria es más fuerte que la propia historia porque procede de la tradición de todo un pueblo.
Por otra parte, una memoria sin historia puede llegar a amenazarnos, puesto que la historia posee en sà misma una exigencia de verdad y autenticidad al dar fe de sus fuentes y de la fiabilidad de las mismas.
La exigencia de verdad de la historia reestablece con exactitud los lugares, las fechas, los hechos y los nombres de las personas ligadas a ellos, quedando fuera de lugar todas las ideologÃas partidistas.
Desde aquÃ, me resulta curioso que el Obispo de Tarazona, Mons. Demetrio Fernández, afirme que no se trate de “caÃdos de la guerra, sino de mártires de Cristo. Es decir, no son fruto de una contienda en la que caen de uno y otro bando. Son testigos de Cristo, que se han mantenido fieles a su fe y amor a Cristo hasta la muerte, y han muerto perdonando a sus verdugos, como hizo Jesucristo”.
Me parece que el perdón que se implora y el perdón que se concede, tanto de un bando como de otro, sirven para depurar la memoria, porque trascienden la misma historia y establecen un orden de realidades que procede de la confianza en el hombre por dominar su pasado.
Creo que la Iglesia se ha equivocado al escoger a sus mártires de un solo lado, y aunque su memoria quede salvada, la historia en su veracidad ha quedado mancillada para siempre.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: Iglesia, maritires, memoria, perdon, Sociedad

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