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Vivir la homosexualidad en la Iglesia

La cuestión de la moral sexual en la Iglesia vuelve a surgir a raÃz de las declaraciones del arzobispo de Canterbury, quien afirmó hace unos meses que los cristianos conservadores que citan la Biblia para condenar la homosexualidad están malinterpretando un pasaje clave escrito por San Pablo hace casi 2.000 años, porque San Pablo lo que querÃa no era hablar de la homosexualidad sino del autoengaño en el que caen quienes se creen que cumplen las leyes a rajatabla.Â
Esta cuestión no es nueva en el seno de la Iglesia Católica, pues de fondo se encuentra una cuestión mayor en cuanto a la comprensión y uso que se hace de la sexualidad. Si lo especÃfico de la sexualidad humana consiste en que un hombre y una mujer se unan para engendrar, como garante de la continuidad de la especie, entonces apaga y vámonos.Â
Pero, si lo esencial y especÃfico de la sexualidad humana no se limita a la facultad de procrear sino a la entrega entre dos personas como expresión de lo más subido de la experiencia del amor, entonces no caben muchas discusiones. Yo prefiero quedarme con esta segunda opción, creo que me hace sentirme más persona, más humano que la forma que tiene la Iglesia de ver las cosas, con la que me siento más unido a las bestias y a los animales en celo, que a otra cosa.Â
Por otro lado, me gustarÃa saber de una vez qué entiende la Iglesia por actos homosexuales, para calificarlos como “intrÃnsecamente desordenados”.
A ver si ahora, resulta que los actos homosexuales se reducen a la penetración anal. Pero, ¿qué pareja heterosexual no incluye esta práctica en sus expresiones sexuales? Porque claro, supongo que no se estará refiriendo a las expresiones afectivas, que esas las utilizamos para expresar el cariño los unos con las unas, las unas con las unas y los unos con los unos.
Sólo faltarÃa que las expresiones afectivas también necesitaran licencia en función del sexo de la persona que es objeto de nuestro amor.Â
Dicho todo esto, me sigo preguntando sobre lo que son “los actos homosexuales”, quizás fuera la Iglesia la que deberÃa explicárnoslo antes de continuar condenando a través de una interpretación de los textos paulinos que, parece ser, ahora quedan en entredicho.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: homosexualidad, Iglesia, moral, sentimientosIglesia y Estado: una difÃcil relación

TodavÃa no nos hemos enterado de que vivimos en un Estado aconfesional, laico (que no laicista) y democrático. Sin embargo, la postura de la Iglesia ante las cuestiones sociales y morales a las que el actual gobierno intenta dar respuesta, dejan mucho que desear por la falta de respeto a las decisiones que el legislativo propone o intenta proponer.Â
El gobierno está incorporando a nuestro ordenamiento jurÃdico leyes y reformas dirigidas a sectores sociales, tradicionalmente marginados por otros partidos polÃticos y, lo que es más triste, por la misma Iglesia Católica. Me refiero al matrimonio entre personas del mismo sexo, a la posible adopción de hijos por los homosexuales, a la agilización de casos de divorcio.Â
Igualmente, desde el propio respeto a la aconfesionalidad del Estado, el gobierno quiere mantener la autonomÃa de lo social frente a lo religioso, negándose a la imposición por parte de la Iglesia de la enseñanza obligatoria de la religión, favoreciendo la investigación cientÃfica con células madres embrionarias y por supuesto tocando la cartera de los católicos, es decir implantando un sistema de autofinanciación de la Iglesia Católica sin discriminar a otras religiones.Â
Vivimos en una sociedad democrática y plural, y por ello abierta a diversos órdenes morales. La jerarquÃa eclesiástica no puede imponer a todos los ciudadanos (católicos y no católicos) una moral única y exclusiva. Porque de hecho existen muchas formas de moral, incluso dentro de la Iglesia Católica (para entenderlo basta con echar la mirada hacia atrás y ver cómo su postura en ciertos temas ha ido cambiando a lo largo de la historia).Â
Da la impresión de que la Iglesia le negase al Estado la posibilidad de legislar sobre temas de orden moral, porque los creyentes no supieran distinguir entre lo bueno y lo malo.  Miren, Sres. Obispos, los católicos somos gente adulta que sabemos ejercer una función crÃtica en materia de moral. Pero, en nuestra sociedad hay personas que no creen o que no pertenecen a la Iglesia Católica. ¿Por qué razón estas personas deberÃan regirse por los parámetros morales que Ustedes quieren imponer, (ejerciendo presión sobre el Estado), a todos los demás?Â
Si el empeño que la Iglesia pone en salvaguardar sus principios morales (casi siempre en materia sexual, que ya está bien con esta fijación enfermiza), los pusiera en defender los derechos de los pobres de este mundo, o en denunciar las causas que producen el hambre y la marginación, podrÃa ser más auténtica y más creÃble, no sólo por parte de los cristianos, sino por el resto de la sociedad.Â
Esta postura tan en connivencia con los sistemas polÃticos y económicos le está impidiendo a la Iglesia realizar su más genuina misión evangelizadora. La Iglesia Católica, inserta en un sistema aconfesional, democrático y plural no podrá ser verdaderamente libre mientras siga dependiendo de los poderes económicos y polÃticos para ejercer su misión.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: aconfesionalidad, compromiso, democracia, derechos humanos, dialogo, moral, SociedadLa Iglesia tiene un problema con el sexo

Que existan realidades distintas de inclinación sexual no es una cuestión de opinión.  Seguir insistiendo, como lo hace la Iglesia Católica, que en la naturaleza sólo caben dos formas de sexualidad (la masculina y la femenina) es reducir la esencia del hombre a la genitalidad, cuando precisamente lo que distingue al ser humano de los animales no es el sexo sino su inteligencia o su corazón. Â
Disiento completamente sobre que la principal finalidad de cualquier pareja sea la reproducción, dejando de lado la manifestación del amor, la entrega mutua, la compañÃa o la donación total en cuerpo y alma.Â
A pesar de tantos estudios psicológicos y sociales, se sigue manteniendo a ultranza que cada hijo nacido en el seno de una pareja tenga como referentes a un padre y a una madre. Y mi pregunta es si realmente esto es tan importante.
¿Importa más el referente sexual para los hijos que el amor entre sus padres?, porque la Iglesia de esto no habla jamás.  ¿Acaso el referente sexual, hombre y mujer, sólo se encuentra por parte de los hijos en su propia familia? ¿Qué pasa entonces con los hijos de padres divorciados, o los hijos de padres viudos, o los hijos de madres solteras? Â
Y sin meterme en muchos más detalles, terminarÃa preguntando si todos los padres son referentes de masculinidad y todas las madres de feminidad. Baste echar una vista al tendido para ver que no.Â
Cuando la Iglesia habla de este tema, al referirse a la pareja heterosexual, todo son alabanzas modélicas. Pero cuando habla de parejas homosexuales, todo son defectos y minusvalÃas. Lo que define a una pareja no son las formas externas y jurÃdicas en una sociedad, sino el amor, la entrega, el servicio, la gratuidad…
A la hora de defender los derechos de las familias, el acento no deberÃa estar en la distinción sexual, sino en los demás valores que la distinguen de los animales y son fruto de la experiencia del amor.Â
Mientras la Iglesia Católica siga pensando que la homosexualidad es cuestión de sexo, seguirá sin enterarse de nada y negando su capacidad natural para amarse y formar una familia. Pero claro, como no se apea de la burra y sigue pensando que sólo se puede follar para tener hijos, la cuestión se resuelve con dificultad. Â
Hasta que la Iglesia no modifique su antropologÃa de base, para hacerla más cristiana y fundamentada en una cristologÃa más completa, el asunto será duro de roer.Â
La homosexualidad es una opción natural y me da pena ver que prácticamente la Iglesia Católica y algún que otro grupúsculo ultraconservador sigan negando la evidencia. La Iglesia está sola en medio de un mundo que avanza en la comprensión plural de sus habitantes. Â
Ciertamente, no se encuentran argumentos para excluir a los homosexuales de la sociedad, ¿por qué la Iglesia se empeña entonces en hacer lo contrario en nuestras comunidades?Â
Dios nos ha creado a todos diferentes y llenos de enormes riquezas y potencialidades. Si alguien ha sido creado homosexual, deberÃa poder vivir, sentir y manifestarse como tal; es de derecho divino, no humano ni eclesial. Â
La Iglesia deberÃa replantearse su particular cruzada condenatoria contra los homosexuales, porque sin ellos se habrÃa quedado sin sus mejores artistas, escritores, sacerdotes y hasta Papas (como de todos es sabido y no quiero citarlos aquà porque eso no es lo que define su valÃa).
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: homosexualidad, Iglesia, libertad, moral, sexoA la Iglesia le falta transparencia

La dignidad de la persona se apoya en la libertad. Esta fue una de las grandes aportaciones del Concilio Vaticano II, con el decreto Dignitatis Humanae, a la Iglesia y al mundo entero.
Sin embargo, todavÃa la Iglesia no ha asumido todas las consecuencias de este principio conciliar, porque sigue teniendo miedo a la libertad y a la razón. El Estado confesional es un enorme obstáculo para adherirse libremente a Cristo.
Cuarenta años de dictadura en nuestro paÃs dan fe de esto. Pero, de igual modo, si bien un Estado no puede imponer una religión, tampoco puede ignorarla y menos aún perseguirla o coartarla. Y es que existe el derecho civil a la libertad religiosa, como uno de los derechos fundamentales del hombre.Â
Defender la aconfesionalidad del Estado, no implica la defensa de la aconfesionalidad de los ciudadanos. Por eso, se puede dar un Estado aconfesional en el que la mayorÃa de los ciudadanos sean creyentes. Este es el caso de nuestro paÃs. Por esta razón, si la Iglesia quiere ser libre, tiene que cortar con los lazos que la atan al Estado.Â
El gran problema de la Iglesia no es la moral sexual, ni la bioética, ni la defensa a ultranza de la vida, sino despertar la necesidad de Dios que no tiene el hombre de nuestro tiempo, porque el tema de Dios le es indiferente o no le interesa. Con las puertas cerradas no se puede escuchar lo que sucede fuera. Por eso, una Iglesia sin capacidad de dialogar es algo muerto.
Con el miedo y estando a la defensiva, la Iglesia no puede caminar. Porque el miedo empuja a rechazar y a condenar.  ¿Qué piensa el mundo de nuestra Iglesia que fundamentalmente se expresa a través de condenas y exclusiones?, pues eso mismo, que de qué se asusta, que de qué tiene miedo.Â
Si la Iglesia siente la hostilidad y el rechazo del mundo en el que se encuentra inmersa es porque necesita más que nunca abrirse a la experiencia del resucitado, para abrir las puertas de par en par y dejar de tener miedo. Â
Si la Iglesia arriesgara a perder y dejara de imponer y de parapetarse en la defensa a ultranza de sus posturas frente a una sociedad plural, abierta y dialogante, quizás sus afirmaciones fueran menos condenatorias y el mundo podrÃa acercarse más a ella para encontrar una respuesta digna a la sed de Dios que invade su corazón.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: aconfesionalidad, Iglesia, moral, politica, SociedadLa Iglesia en el mundo

Después de los años de dictadura, la Iglesia española vio cómo el marco social y polÃtico en el que durante casi cuarenta años habÃa estado unida al poder se desmoronaba, dando lugar a nuevas estrategias sobre las que apoyarse para influir polÃtica y moralmente en la sociedad.
La actual situación está generando tres maneras distintas de hacerse presente, que son las que originan las diversas fricciones en las que la Iglesia se ve actualmente inmersa.
La primera postura es la del mantenimiento del poder de la Iglesia a ultranza. La jerarquÃa española quiere actuar como grupo de presión para que el gobierno (en este caso el socialista) legisle de acuerdo con la propia moral de la Iglesia Católica.
Este posicionamiento pretende que el partido polÃtico que acceda al poder se deje influenciar y manipular por sus dictados morales y polÃticos. Este tipo de Iglesia desearÃa que fuera el PP el que volviera al poder para seguir manteniendo su dominio de actuación social en el conjunto de los ciudadanos.
La segunda postura quiere generar un tipo de ciudadano opuesto radicalmente al estado aconfesional, para vivir de acuerdo con su propia identidad. Esta manera de ver las cosas es la que estarÃa gestando pequeñas células eclesiales o comunidades cerradas en sà mismas (de mentalidad muy conservadora) que estarÃan a la espera del momento oportuno polÃtico para extender su visión al resto de la sociedad.
Mientras tanto, se parapetan en actitudes de defensa a ultranza frente a las leyes y propuestas socio-polÃticas que el partido socialista va desgranando durante su legislatura.
La tercera postura de la Iglesia utiliza una estrategia mucho más suave y conciliadora con el nuevo marco polÃtico y social en el que se ve obligada a convivir. Este es el posicionamiento de muchos cristianos de base que aceptando que estamos en un estado aconfesional, se diluye en medio de la masa para influir desde los diferentes estratos sociales, laborales, jurÃdicos e institucionales (medios de comunicación, hospitales, escuela, partidos polÃticos…), en el conjunto de la sociedad.
Esta postura es mucho más respetuosa con el resto de la sociedad. No hay imposición sino propuestas libres y alternativas a lo que el gobierno ofrece y plantea. No se busca el predominio de la Iglesia, ni una única visión monocromática de la sociedad.
Desde aquà el diálogo es posible y las alternativas de la Iglesia son una invitación (nunca una determinación) para que el resto de los ciudadanos adopten la mejor forma de gobierno posible, aceptando que otras visiones del hombre y del mundo son posibles, ya que la suya es una más dentro del estilo de vida que la sociedad decide adoptar para sà misma.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: democracia, dialogo, Iglesia, mundo, poder, SociedadCuando la Iglesia se aleja del hombre

Cada dÃa es más patente la ruptura entre lo religioso y la sociedad civil. Por muchos intentos de la Iglesia Católica por acercarse al mundo en el que vive inmersa, lo cierto es que la división cada vez es mayor y con pocas posibilidades de integrarse con la autoridad moral necesaria para dejar escuchar su voz.
El mundo moderno dice que pasa de Dios y, sin embargo, tiene más sed que nunca de lo espiritual, porque ni la polÃtica ni la organización civil terminan de satisfacer el corazón inquieto del hombre actual.
No obstante, la Iglesia no termina de encontrar su sitio para aportar al hombre lo que le falta y necesita para alumbrar una equilibrada humanización de un mundo insatisfecho. Mientras esta infranqueable separación entre lo religioso y lo profano permanezca abierta no habrá forma de unir fuerzas, de un lado y de otro, para gestar una nueva y mejor humanidad.
La religión, en un ambiente laico, produce rechazo y animadversión, y esto tampoco facilita las cosas. Son ya demasiadas las crÃticas, exclusiones y condenas por parte de la Iglesia hacia el hombre de hoy en dÃa, que su voz ha dejado de ser escuchada y de tener el valor y la consideración necesaria para ser fermento en medio de un mundo que sigue buscando a Dios con desconcierto.
El mundo necesita a Dios, pero la oferta de la Iglesia Católica no sólo no responde a sus expectativas, sino que produce un enorme rechazo que, de momento, no es posible superar desde las posturas morales y antropológicas que ésta propone, o mejor que pretende imponer aliándose con las fuerzas polÃticas.
La Iglesia no está dispuesta a perder su ámbito de poder, y para ello necesita aliarse con el mismo diablo, si eso fuera necesario, para no ceder ante las prebendas y privilegios de las que gozó ampliamente durante la época del nacional catolicismo.
Sus presiones para seguir imponiendo sus criterios de moralidad en un estado aconfesional son constantes. Desde esta postura el diálogo no sólo es difÃcil y complicado, sino imposible. Desde aquà no se puede hacer una propuesta razonable al hombre de hoy para que pueda abrirse a la sed de Dios que sigue latente en su corazón.
El diálogo Iglesia-sociedad se impone hoy en dÃa con más fuerza. SerÃa una pena que el mundo civil se siguiera perdiendo el enorme acervo espiritual y religioso, gestado durante siglos en el seno de la Iglesia, por querer mantener una postura impositiva, parapetándose en una visión del mundo tan negativa y amenazadora que le impidiera abrirse a los nuevos tiempos.
Por otra parte, el mundo profano podrÃa abrirse sin prejuicios a las enseñanzas de la Iglesia, si esta consintiera a establecer un encuentro maduro con personas adultas desde donde unir fuerzas para transformar el mundo entre todos.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: dialogo, Dios, Iglesia, religion, SociedadArtículos Anteriores
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