El obispo de Tenerife justifica el abuso de menores

fausto 27 diciembre 2007 0

obispo

El titular en portada del pasado 24 de diciembre, día de Nochebuena, en La Opinión de Tenerife, desvelaba el pensamiento y el corazón del obispo de Tenerife acerca de la homosexualidad y del abuso de menores.

Sin pelos en la lengua, Bernardo Álvarez declaraba a la periodista que “el fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias como las han pagado otras civilizaciones”.

Para el prelado Nivariense, la homosexualidad es un mal personal y social. Por desgracia, no se trata de ninguna novedad dentro del pensamiento de la Iglesia. Estas declaraciones vienen a sumarse a otras dos “perlas” que hemos podido leer y escuchar estos días previos a la celebración del Nacimiento del Dios del amor y de la misericordia.

Primero fue el Papa Benedicto XVI que en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, con mucha discreción, pero con enorme dureza en su contenido venía a decir que las uniones homosexuales son “un impedimento objetivo para el camino de la paz”, porque cualquier cosa que sirva para debilitar la familia tradicional, así como cualquier otra que, directa o indirectamente, impida la creación de nueva vida, constituye un obstáculo.

El texto del Papa no deja lugar a dudas: los matrimonios homosexuales son un impedimento para la paz.

Por si fuera poco la cosa, unos días más tarde, el Arzobispo de Madrid, nos dejaba también unas “palabritas” de consuelo y buena voluntad, en la entrevista que Jiménez Losantos le hacía en la COPE. Para Rouco Varela, “cuando se toca la esencia misma de la familia, que es la unión de un varón y una mujer, no se puede hablar de familia”. En otras uniones, según las palabras del prelado, como las parejas homosexuales, “puede haber elementos participados, como una casa o una vivienda” y “algo tienen de familia, pero no es una familia”.


El resumen de estas tres intervenciones es un rosario de espíritu navideño para favorecer la convivencia desde la diferencia y el buen entendimiento social: “los matrimonios gays son un obstáculo para la paz; las familias homosexuales no son familia; y por último la de Álvarez, la homosexualidad perjudica a las personas y a la sociedad”.

El obispo de Tenerife no ha querido dirigir su mirada amorosa y respetuosa, únicamente hacia los homosexuales. Al final de su entrevista da la impresión de querer justificar que se produzcan abusos de menores.

No sé si por poner la venda antes de la herida o qué, pero el caso es que según el prelado de San Cristóbal de la Laguna “hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.

Es decir, que si los abusos a menores ocurren (dentro y fuera de la Iglesia) es porque los menores los provocan.

Esta vez el obispo de Tenerife ha ido demasiado lejos, y este tipo de declaraciones, no sólo son inadmisibles, sino que rozan el terreno de la justicia penal. ¿Habrá tomado cartas en el asunto el Titular de Menores? ¿Lo sabe la Fiscalía de menores?

Que con la Iglesia habíamos topado, era algo bien conocido por parte de todos, por eso no se le pueden pedir peras al olmo. Como dice un amigo mío, “si quieres peras, debes arrancar el olmo y plantar un peral”.

Qué curioso y coincidente que ayer mismo saltara la noticia a los medios de que los canarios son los españoles que menos contribuyen económicamente a la Iglesia española, ¿por qué será?

Fausto Antonio Ramírez