Las leyes no son sagradas

fausto 6 Diciembre 2007 2

sacralizar

En los últimos tiempos no se dejan de escuchar términos que con la intención de describir una misma realidad, en el fondo se alejan de sus significados reales. Me refiero a los términos: laicidad, secularización, aconfesionalidad, paganización, laicismo… 

En realidad es la Iglesia la que pone el grito en el cielo al hablar del proceso de secularización en el que la sociedad y el mundo moderno se ven inmersos.  En el fondo, lo que está pasando es que veníamos arrastrando mucho de cristianismo sociológico de tiempos pasados, de los tiempos del nacional catolicismo y, por eso es bueno que esto ocurra. 

 En ese sentido, yo diría que estamos pasando de una época de excesiva sacralización de la vida del hombre, en todos sus aspectos, a una sana y renovada desacralización en la que lo temporal y lo espiritual tienen su propia autonomía. Esto implica algo que parece que a  Iglesia le  hace mucho daño, como es la pérdida de su prestigio social y de su poder institucional. 

Los criterios morales que deben orientar la elaboración de las leyes civiles, no tienen por qué corresponderse obligatoriamente con la doctrina de una religión, y menos aún con la exclusiva del catolicismo. Precisamente, el pluralismo ético y cultural es el signo palpable de una sociedad libre y democrática.  

Ciertamente, las diferentes confesiones religiosas pueden y deben influir en la propuesta de valores para mejorar la legislación y la conciencia social. También pueden oponerse y objetar ante aquellas decisiones con las que no están de acuerdo.


Pero desde la propia autonomía que se reconoce en la sociedad laica a lo religioso sobre lo temporal, no deberían hacer leyes al margen del poder legislativo e imponerlas al resto de la sociedad.  

Los católicos están obligados a respetar y acatar las leyes que la mayoría ha votado democráticamente, porque así venía descrito en el programa electoral del partido que ganó las elecciones.  Cuando el partido socialista ganó las últimas elecciones, muchas de las propuestas de reformas legales venían perfectamente descritas en su programa.

El resultado que le dio la victoria fue mayoritario y, evidentemente, los votos no procedían exclusivamente de sectores de la población que no eran católicos.  

Si muchos católicos han votado al partido socialista para que gobierne España, es porque además de su creencia estaban de acuerdo con un programa electoral que deseaban que se llevara a cabo.  

¿A qué viene ahora la Iglesia a quejarse de las propuestas del gobierno, cuando buena parte de los católicos que les dio la mayoría está a favor de ellas? Mejor que criticar al gobierno en estos puntos de moral, la Iglesia -si no está de acuerdo con las leyes democráticas- debería reprender a sus propios hijos que se le descarrían y votan a quienes no deben.  

Los cristianos deben respetar las leyes y con su vida sobrepasarlas, quizás por aquí lleguemos a encontrar el verdadero camino de la desacralización de nuestra sociedad, porque entonces seremos más libres, más veraces y más coherentes.  

Fausto Antonio Ramírez