La Iglesia en el mundo

fausto 20 Noviembre 2007 1

vaticano

Después de los años de dictadura, la Iglesia española vio cómo el marco social y político en el que durante casi cuarenta años había estado unida al poder se desmoronaba, dando lugar a nuevas estrategias sobre las que apoyarse para influir política y moralmente en la sociedad.

La actual situación está generando tres maneras distintas de hacerse presente, que son las que originan las diversas fricciones en las que la Iglesia se ve actualmente inmersa.

La primera postura es la del mantenimiento del poder de la Iglesia a ultranza. La jerarquía española quiere actuar como grupo de presión para que el gobierno (en este caso el socialista) legisle de acuerdo con la propia moral de la Iglesia Católica.

Este posicionamiento pretende que el partido político que acceda al poder se deje influenciar y manipular por sus dictados morales y políticos. Este tipo de Iglesia desearía que fuera el PP el que volviera al poder para seguir manteniendo su dominio de actuación social en el conjunto de los ciudadanos.

La segunda postura quiere generar un tipo de ciudadano opuesto radicalmente al estado aconfesional, para vivir de acuerdo con su propia identidad. Esta manera de ver las cosas es la que estaría gestando pequeñas células eclesiales o comunidades cerradas en sí mismas (de mentalidad muy conservadora) que estarían a la espera del momento oportuno político para extender su visión al resto de la sociedad.


Mientras tanto, se parapetan en actitudes de defensa a ultranza frente a las leyes y propuestas socio-políticas que el partido socialista va desgranando durante su legislatura.

La tercera postura de la Iglesia utiliza una estrategia mucho más suave y conciliadora con el nuevo marco político y social en el que se ve obligada a convivir. Este es el posicionamiento de muchos cristianos de base que aceptando que estamos en un estado aconfesional, se diluye en medio de la masa para influir desde los diferentes estratos sociales, laborales, jurídicos e institucionales (medios de comunicación, hospitales, escuela, partidos políticos…), en el conjunto de la sociedad.

Esta postura es mucho más respetuosa con el resto de la sociedad. No hay imposición sino propuestas libres y alternativas a lo que el gobierno ofrece y plantea. No se busca el predominio de la Iglesia, ni una única visión monocromática de la sociedad.

Desde aquí el diálogo es posible y las alternativas de la Iglesia son una invitación (nunca una determinación) para que el resto de los ciudadanos adopten la mejor forma de gobierno posible, aceptando que otras visiones del hombre y del mundo son posibles, ya que la suya es una más dentro del estilo de vida que la sociedad decide adoptar para sí misma.

Fausto Antonio Ramírez