Red de Blogs
Navegas por la Red de Revistas Online más numerosa de Internet - ¿Qué otras temáticas te interesan?  



A la Iglesia le falta transparencia




cristal

La dignidad de la persona se apoya en la libertad. Esta fue una de las grandes aportaciones del Concilio Vaticano II, con el decreto Dignitatis Humanae, a la Iglesia y al mundo entero.

Sin embargo, todavía la Iglesia no ha asumido todas las consecuencias de este principio conciliar, porque sigue teniendo miedo a la libertad y a la razón. El Estado confesional es un enorme obstáculo para adherirse libremente a Cristo.

Cuarenta años de dictadura en nuestro país dan fe de esto.  Pero, de igual modo, si bien un Estado no puede imponer una religión, tampoco puede ignorarla y menos aún perseguirla o coartarla. Y es que existe el derecho civil a la libertad religiosa, como uno de los derechos fundamentales del hombre. 

Defender la aconfesionalidad del Estado, no implica la defensa de la aconfesionalidad de los ciudadanos. Por eso, se puede dar un Estado aconfesional en el que la mayoría de los ciudadanos sean creyentes. Este es el caso de nuestro país. Por esta razón, si la Iglesia quiere ser libre, tiene que cortar con los lazos que la atan al Estado. 



El gran problema de la Iglesia no es la moral sexual, ni la bioética, ni la defensa a ultranza de la vida, sino despertar la necesidad de Dios que no tiene el hombre de nuestro tiempo, porque el tema de Dios le es indiferente o no le interesa. Con las puertas cerradas no se puede escuchar lo que sucede fuera. Por eso, una Iglesia sin capacidad de dialogar es algo muerto.

Con el miedo y estando a la defensiva, la Iglesia no puede caminar. Porque el miedo empuja a rechazar y a condenar.  ¿Qué piensa el mundo de nuestra Iglesia que fundamentalmente se expresa a través de condenas y exclusiones?, pues eso mismo, que de qué se asusta, que de qué tiene miedo. 

Si la Iglesia siente la hostilidad y el rechazo del mundo en el que se encuentra inmersa es porque necesita más que nunca abrirse a la experiencia del resucitado, para abrir las puertas de par en par y dejar de tener miedo.  

Si la Iglesia arriesgara a perder y dejara de imponer y de parapetarse en la defensa a ultranza de sus posturas frente a una sociedad plural, abierta y dialogante, quizás sus afirmaciones fueran menos condenatorias y el mundo podría acercarse más a ella para encontrar una respuesta digna a la sed de Dios que invade su corazón.

Fausto Antonio Ramírez


Comentarios Enviados

Yo pato de la base de que la Iglesia no son solamente los curas y los frailes sino que la Iglesia somos TODOS, es decir, todos los bautizados de los cinco continentes.
No sé que es lo que entiendes tu al decir que la Iglesia está cerrada. Pienso que tanto tu como yo como todos los laicos, al formar parte de la Iglesia, tenemos también obligación de darla a conocer a nuestros amigos y compañeros, y de acercar el mensaje de la doctrina de Jesucristo a los demás.
En cuanto a las posturas a ultranza, no sé a qué te refieres, pero piensa que no son más que las que ha establecido el fundador de la Iglesia, es decir, el Mismo Jesucristo y estas enseñanazas no variarán nunca. NO SE TRATA DE QUE LA IGLESIA SE ADPTE A LOS TIEMPOS ACTUALES, SINO QUE SOMOS LOS HOMBRES DE CADA ÉPOCA LOS QUE NOS DEBEMOS ADAPTAR AL EVANGELIO, es decir, a lo que Jesucristo enseñó y su doctrina será inmutablehasta el fin de los tiempos. Esta es mi opinión. Saludos. Isabel.




Envíanos tu Comentario:

Tómate unos segundos y dinos que opinas del artículo, gracias.




Cerrar
Enviar por Correo