Cuando Dios se calla

En la memoria de todos guardamos la imagen de una Madre Teresa de Calcuta sonriendo, abrazando y besando a los sentenciados a muerte de la India a causa de la lepra o del Sida. Su actividad, gastando su vida hasta la última gota, no dejó indiferente al mundo que quiso ver en ella un ejemplo viviente del Evangelio encarnado en los desheredados de la tierra.
Sin embargo, con motivo del proceso de canonización han salido a la luz una serie de cartas en las que la religiosa -santa para todos, incluso antes de que se la ponga en los altares- manifiesta su dolor y angustia por la noche oscura de la fe en la que estuvo sumida durante una buena parte de su vida.
Madre Teresa conoció durante cerca de cincuenta años la sequedad de la oración y el silencio de Dios, comparable con la experiencia de los grandes mÃsticos de todas las épocas.
Verdaderamente, el camino de la fe atraviesa con frecuencia perÃodos de prueba durÃsimos de los que siempre se sale fortalecido y transformado, algo asà a como le ocurrió a Jacob la noche que luchó con el ángel de Dios a orillas del Yabboq.
A Dios, todo hombre tiene el derecho de reclamarle una palabra de consuelo, una palabra personal que sea capaz de sostener la actividad y la vida de fe de cualquier creyente, especialmente en los momentos más duros de la vida, cuando la tentación del abandono ronda como una espina punzante el corazón del orante y se empieza a perder el sentido de vivir la exigencia del Evangelio.
Durante la oscuridad del silencio de Dios, el creyente se mantiene a la espera, atento siempre a una palabra que no parece querer hacerse elocuente. Ni se percibe, ni se siente el calor de la cercanÃa de Dios por el que se ha dejado todo para seguirle sin condiciones.
Que Dios se calle parece algo insensato y hasta cruel por su parte, pero cuando a pesar de su ausencia uno se mantiene fiel en la oración, al final el orante llega a percibir esa palabra tan anhelada dirigida a él personalmente y acompañada de un exquisito consuelo como premio a la fidelidad durante la prueba purificadora.
Entonces se tiene la confirmación de que esa palabra procede de Dios, porque viene acompañada de una profunda paz interior, de mucho consuelo y alegrÃa serena que son los signos del EspÃritu con los que se le regala al creyente la aseveración de que el silencio era querido por Dios, en la espera de la total purificación y transformación del hombre que buscaba su rostro glorioso.
Se trata de una lucha espiritual que enfrenta al hombre con el Misterio de Dios. En el camino de la oración no faltan ni los obstáculos exteriores, ni las dificultades interiores, pero el verdadero orante no se desanima nunca. Por eso, la oración es como un camino que adquiere muchas veces la fisonomÃa de una verdadera lucha.
Se trata de un combate misterioso pero fecundo, porque la confianza en el amor de Dios es la raÃz más profunda de la experiencia de la oración. La lucha del orante encierra muchas cosas al mismo tiempo, pero ante todo es la expresión simbólica de una Presencia que se percibe en la oscuridad.
La oración es el lugar en el que la fe asume esta contradicción. El Dios que habla es también el Dios que se calla. La oración consiste en escuchar lo que Dios nos dice en su silencio. En esta terrible lucha, la palabra vendrá sólo al final, después de una larga noche.
Dios no se revela necesariamente en la elocuencia, sino que ordinariamente se hace presente en un silencio que es percibido en lo callado del silencio de la noche de la fe. La superación de este momento, aparentemente terrible, ocurre cuando el creyente se encuentra con el Dios que salva, aunque sea a través del enfrentamiento. Es como si su silencio se volviera fecundo y necesario para la fe.
Entonces, el creyente descubre la novedad del Misterio que en ningún momento ha dejado de estar presente. El Dios de Madre Teresa de Calcuta es un Dios a quien buscar y en quien esperar, más que un Dios a quien hallar y poseer, y ella lo encontró porque Dios primeramente se calló y después salió a su paso para entregarle todo su corazón de Padre, en la tierra y en el cielo.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: abandono, Calcuta, cristianismo, Dios, espiritualidad, Iglesia, noche, religion, silencio

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