El Cristianismo como única Verdad

fausto 14 Diciembre 2007 0

Papa

Es indudable que los cristianos viven en un contexto marcado por la pluralidad de religiones y diferentes opciones espirituales. Por esta razón, el cristianismo, si no quiere perder pie en el encuentro con el mundo y la sociedad moderna, debe desarrollar una espiritualidad que le abra a las relaciones con los demás.

Una teología apoyada y sostenida por el Magisterio de la Iglesia, fundamentada en el diálogo, debería ser hoy en día una prioridad incontestable.

Ciertamente, este diálogo debería empezar entre los mismos cristianos de diferentes confesiones que comparten las mismas enseñanzas de Jesús. Además del diálogo interno, la apertura dialogante concierne a toda religión y espiritualidad diferente de la católica.

En realidad, la razón subyacente a esta voluntad de encuentro es la de poder encontrar un modelo de espiritualidad que tenga en consideración una mayor amplitud de miras de cara a la búsqueda de la única Verdad, jamás circunscrita a una sola religión o confesión cristiana.

Ciertamente, nadie puede presumir de tener el monopolio de la Verdad. Para llegar a esta afirmación es necesario que se reconozca al otro en su alteridad, a través de un humilde ejercicio de descentramiento.

Una espiritualidad cristiana con estos rasgos de aperturismo y pluralismo se fundamenta en el amor al prójimo, porque reconoce que la paternidad de Dios desborda todos los límites y sale al encuentro de los hombres que conforman el único pueblo de Dios.


Partimos del hecho de que Dios se ha revelado a los hombres desde los orígenes de la humanidad y que esta revelación se ha hecho en plural, es decir en las diferentes formas que la cultura ha ido configurando a través de la historia en todas y cada una de las diversas tradiciones religiosas.

La espiritualidad dialogal del cristiano toma en consideración dos formas posibles de plantear la revelación de Dios: – o bien Dios dice siempre la misma cosa, aunque sea con formas diferentes tal y como lo traduce cada religión; – o bien Dios no dice la misma cosa, pero cada vez manifiesta aspectos inéditos de su corazón.

Tanto en un caso como en otro, las revelaciones de Dios, tal y como las interpretan las diferentes religiones son, por consiguiente, complementarias y recíprocas.

Cada experiencia religiosa es única y singular, dentro de cualquier tradición religiosa, por eso no se pueden reducir las unas a las otras, por mucho que todas pongan en relación los dos términos del diálogo: el hombre y Dios.

En cada tradición religiosa habita algo necesario a todas las demás de la que ninguna puede dispensarse, por mucha pretensión de unicidad y absolutez que quiera sostener ante las demás.

O nos complementamos, con lo cual la escucha y el encuentro se imponen necesariamente; o compartimos partes de la única Verdad, con lo cual la unión resulta todavía mucho más apremiante.

Fausto Antonio Ramírez